“Retrato” en el Teatro del Mercado

Se apagan las luces, empieza la música. Entramos en las dimensiones del teatro: dimensiones que no se someten a ley alguna, dimensiones mágicas y de mecanismos ajenos. Pero que deslumbran. Como es el caso de Retrato, que ha estado con nosotros este fin de semana en el Teatro del Mercado. Retrato es una obra de Mariano Anós, único intérprete además, tan solo acompañado por la música de José Luis Romeo. En el programa la describían como un recorrido a través de la poesía española desde el siglo XVII al siglo XX. Pero no es solo eso. Porque la selección de poesía – de Quevedo a Cernuda, pasando por Espronceda – son pedazos de cada uno de nosotros y por tanto, Retrato no puede ser una obra cerrada, sino un espejo que nos llama a asomarnos a nosotros mismos.

Así, entramos en una nueva dimensión en la que la voz profunda de Anós nos llama a una introspección dirigida por las palabras de los grandes maestros de la Literatura: Lope, Salinas, Machado, Cernuda, Lorca, Gil de Biedma, Bécquer, Neruda… Menos de una hora para tratar los dos grandes macro temas de la humanidad: el amor y la muerte. El amor nos lo describen Lope – creer que el cielo en un infierno cabe -, Goytisolo – entre todos los ruidos de la noche yo distingo sus pasos – o Neruda – me gusta cuando callas porque estás como ausente -. Yo me quedo con Salinas y su alegría por vivir en los pronombres. La muerte y el miedo a morir nos lo transmiten con fuerza e intensidad Lorca en su ciudad sin sueño, León Felipe – no, no, no me contéis cuentos que vengo de muy lejos y sé todos los cuentos -, Espronceda y su pirata que no teme a la vida pues por perdida ya la di.

Y creo que merece la pena citar tres poemas excepcionales: por un lado el No volveré a ser joven de Jaime Gil de Biedma, en el que el autor creía que la muerte solo estaba en el teatro y expresa su sorpresa al descubrir que el único argumento de la obra es envejecer y morir; el famosísimo Retrato de Antonio Machado, para mí obra maestra y difícilmente superable, que da título al espectáculo – como ya he dicho, se nos anima a pintar nuestro propio retrato a través de la poesía -; y por último, el poema que se recita al final del propio Mariano Anós que reflexiona sobre la tarea del arte y dice que renace el mundo al saberse nombrado. ¿Por qué? Porque para eso está el arte, para crear el mundo y destruirlo al mismo tiempo – pues el arte está en borrarse -. Y si muchos versos – si mucha música, muchos espectáculos, muchos poemas, muchas obras, muchos personajes –  son efímeros y van a perderse en el devenir del mundo, ¿por qué desperdiciar estas magníficas oportunidades que tenemos de conocernos a nosotros mismos a través de ellos?

Así que no dejéis jamás de ver teatro. Éste es el mensaje de Retrato: no desaprovechéis el arte. Y esta obra no era sino arte en una tarde de cierzo en Zaragoza.

Natalia
luvinlu@hotmail.com
www.enpicado.blogspot.com

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