Después de la inmersión teatral de la semana pasada, he vuelto con la Literatura. Os había hablado ya de Murakami y, después, de Sacheri. ¿Para cuándo un autor español? Pues este es el momento de hablar de uno de los mejores. La semana pasada estuve inmersa en la lectura de La Sombra del ciprés es alargada de Miguel Delibes, obra que me maravilló y me emocionó.

Había leído antes a Delibes. Me inicié con El Camino, pero definitivamente me cautivó con Mujer de rojo sobre fondo gris. Seguí leyéndolo pero fue a principios de noviembre cuando decidí, en una visita a la biblioteca, coger su primera novela: la que le hizo ganar el Premio Nadal en 1947.

A Delibes lo estudié yo como uno de esos autores que son capaces de darle un nuevo soplo de vida al panorama literario español tras la Guerra Civil. Inician una suerte de renovación que culminará en los años 60 y su experimentalismo: la labor que hace este autor es incalculable. Desde un estilo sencillo y claro sabe transmitir un mensaje profundo que se aleja de los dos bandos que asolaban España: sabe transmitir las preocupaciones de la gente normal y consigue atraparte con sus historias tristemente dolorosas.

En La Sombra del ciprés es alargada Delibes muestra ya su grandísimo talento: he de decir que ha sido lo más distinto que había leído de él. No sé si sabría explicarlo, pero sus otras obras – al menos las que he leído – me parecían más cercanas las unas de las otras; aquí, la historia de Pedro y la sombra del ciprés va a parte de todo lo que he leído hasta el momento. Delibes ahonda en la filosofía, en la existencia del ser humano, en su cometido en la vida, en su destino, en su predeterminación, en su libertad y los límites de ésta. Nos cuenta la historia de Pedro, un niño que es huérfano al que su tutor envía a vivir con el profesor Lesmes, en Ávila. La familia del profesor se reduce a una mujer fría, una criada que se echa la siesta en la cocina, un bebé chillón, una perrita y dos peces de colores. Pedro se ve relegado a una vida aburrida y triste; pero entonces llegará un nuevo alumno a la casa, Alfredo, con quien trabará una profunda amistad. Sin embargo, la vida del protagonista quedará terriblemente truncada cuando asuma la filosofía de su melancólico maestro: en la vida todo es perder, así que mejor no querer nada para que la pérdida nos sea más llevadera.

Delibes construye un personaje triste, gris, con su corazón traspasado por la sombra del ciprés. Un personaje cuya vida se desarrolla bajo ese principio de frialdad y desasimiento. ¿Habrá algo que le haga cambiar, que le haga abrir los ojos, que le haga disfrutar de la vida? No os lo cuento; sólo os digo que qué libro tan precioso y que injusticia que Delibes no se llevara, además del Nadal, el Nobel.

Natalia
luvinlu@hotmail.com
www.enpicado.blogspot.com

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