J.M. Coetzee – Tierras de poniente

Estas vacaciones de Navidad, entre los libros de la carrera y los diccionarios de latín, he sacado un hueco para leer Tierras de poniente. El autor J.M. Coetzee ganó el Premio Nobel de Literatura en el año 2003 nos presenta en esta temprana novela – de hecho, su primera obra publicada -, dos historias paralelas de las que se extrae un punto en común claro: una profunda crítica a la crueldad del ser humano.

Por un lado, nos encontramos con un especialista en teoría militar que forma parte de un proyecto relacionado con la guerra de Vietnam. Su informe, dedicado a la propaganda estadounidense, absorbe todo su tiempo. Se acaba adentrando tanto en la mecánica del artículo que empezará a mostrar signos de locura cada vez más graves, que alterarán para siempre su vida familiar.

La segunda narración, más extensa y ocurrida en el siglo XVIII durante el colonialismo, habla de un hombre blanco, cuyo nombre se corresponde – cosa curiosa – con el del autor, que se va de expedición a cazar elefantes por las tierras menos exploradas de Sudáfrica. Jacobus va acompañado por sus sirvientes, pertenecientes a una etnia condenada a servir a los blancos: los hotenontes.

En medio de la expedición Jacobus cae terriblemente enfermo: toda la comitiva es acogida en un poblado namaqua – otra etnia relacionada con la anterior -: allí Jacobus es atendido con métodos muy rudimentarios y la simplicidad y el analfabetismo del pueblo es entendido por él como una muestra de desprecio hacia su persona. Así, no deja de causar problemas y de dar órdenes, sin acatar la dinámica de vida de los namaqua, hasta tal punto que acaba siendo expulsado de la aldea. Cuando vuelve a la “civilización” y se recupera, volverá para llevar a cabo una terrible venganza.

El espíritu crítico de esta obra es claro. El vocabulario es muy directo, las descripciones son concisas pero con gran fuerza, las frases son cortas, duras, secas. Coetzee consigue así un pulso narrativo interesante pero también exigente para el lector. A mí me remitía constantemente a la obra El corazón de las tinieblas, de Conrad.

El punto de vista elegido por el narrador – el del “malo”, digamos – hace que la prosa se llene de crueldad y violencia. Tierras de poniente es una novela dura de leer; a mí no me ha acabado de convencer del todo. Sin embargo, no se puede negar que el estilo elegido por el autor es completamente adecuado para su propósito final: estremecerte hasta la médula y darte cuenta de los sentimientos oscuros que mueven al hombre. Coetzee, jugando con el pasado – uno más lejano y otro más próximo – nos lanza una advertencia para que logremos un futuro mejor y más pleno.

Natalia

luvinlu@hotmail.com

www.enpicado.blogspot.com

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