WAR HORSE. Un nexo en común llamado caballo

Catalogo a esta película como una de esas que, en un principio, no apetece ver. Comenzaba a engrosarse la extensa y apetitosa lista de los próximos estrenos de obligado visionado y, poco a poco, iba apartando a War Horse (Steven Spielberg, 2011) de ella. No sé si era por tener uno de los posters menos atractivos del año, por tener toda la pinta de ser una empalagosa historia de un niño que cuida a un animal, quiere a un animal y va a la guerra con un animal, o por durar más de dos horas, pero no tenía ninguna intención de verla. Pero luego llegaron las nominaciones a los Oscars y automáticamente pasó a la lista de obligadas.

 

El caso es que ver una película por obligación casi siempre termina en tragedia. Pero en este caso, a pesar de que no la incluiría en la lista personal de las 20 mejores del año, me deja con un par de momentos gratamente interesantes: la niña del molino y el caballo enredado en el alambre de espino.

El primer momento con el que me quedo es uno de los capítulos que conforman la historia. No es la primera vez que vemos cómo un elemento, un caballo en este caso, se convierte en el protagonista de la historia central, mientras el resto de historias orbitan a su alrededor. En War Horse este elemento aterriza una de las veces en un molino propiedad de un abuelo y su nieta regalándonos un momento que podría ser una película per se.

Otra secuencia que destaco es la que tiene lugar cuando el caballo se encuentra enredado con alambre de espino en mitad del campo de batalla. No es la manida moraleja final que se pueda extraer de todo ello lo que me interesa sino la cuidada dirección teatralizada del diálogo que tiene lugar. No me atrevo a dar más pistas para no caer en más spoilers.

Pero algo bastante atractivo que tiene la película, que es la secuenciación de capítulos distintos, de historias cruzadas muy diferentes entre sí con un nexo en común, parece decaer por saberse esclava de las líneas de la novela de Michael Morpurgo, la que obliga a mantener un guión circular con el que podría haberse experimentado para ser mucho más impredecible. Ello hace que al final la lágrima fácil prevalezca y los minutos pasen.

Spielberg se ve cómodo en un drama familiar sentimental en el que también incluye niños, aventuras y guerra, y en el que sólo falta que aparezca algún extraterrestre, pero que a pesar de tener algunas secuencias muy interesantes no pasa de ser de fácil visionado una tarde de manta y sofá.

 

Adrián Gómez

twitter.com/agomezgz

escritorioenobras.com

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