MI SEMANA CON MARILYN. El Texas Hollywood del cine nostálgico

Esta ceremonia de los oscars ha sido la ceremonia de la nostalgia. Entre The artist (Michel Hazanavicius, 2011) y Hugo (Martin Scorsese, 2011) se han repartido todos los premios. La primera nos llevaba literalmente a la época del cine mudo y nos hacía recuperar de nuestro archivo memorístico las escenas mudas que más nos gustaron. Mientras que la de Scorsese nos llevaba a esa pasión por encima de todo que nos hace atravesar mil barreras para ver una película de Harold Lloyd. El amor por el cine se llevó todos los oscars y las mejores críticas.

Mientas tanto, Michelle Williams se iba a su casa con un globo bajo el brazo gracias a Mi semana con Marilyn (Simon Curtis, 2011) por interpretar a la actriz que da nombre a la película. ¿Podemos añadir esta película a esa estela de películas nostálgicas que nos han ido llegando? Pues depende a quién le preguntes.

Si preguntas a alguien con bolsos, fundas de gafas, monederos y posters de Marilyn seguramente te dirá que le ha maravillado el carácter, la personalidad y el amor que transmite tanto la actriz como la actriz que interpreta a la actriz, y que por ello merece sumarse a la nostalgia cinematográfica de la que hemos hablado. Es verdad que resulta interesante asomarse a la ventana de esta historia, y que se aprende bastante sobre cómo funcionan las cosas en el backstage, pero es esto mismo lo que me lleva a ser parte de esas personas sin bolsos de Marilyn que opinan bastante diferente al respecto.

Mi semana con Marilyn sirve para recordar que el cine es, precisamente, como aquello que da nombre a esta sección: el Texas Hollywood, el pueblo del oeste en el que se rodaron tantos westerns y 800 balas (Álex de la Iglesia, 2002). El Texas Hollywood es un pueblo que de cara a las cámaras se muestra como una ciudad estadounidense de madera donde en cada casa se vive una extraordinaria aventura al margen de la ley, pero que cuando se apagan los focos no se trata más que de un montón de estructuras de cartón sin fondo, sin alma, sin nada y llena de cables.

El cine, cuando están encendidas las cámaras, es algo precioso, es algo que es amado por mucha gente, con actrices rubias que son la tentación de muchos hombres, con líneas de diálogo emocionantes y con un desparpajo que enamoraría hasta al menos romántico, pero que cuando se apagan los focos todo se convierte en un montón de gente gritando, cables de por medio, enfados, estrés y actrices como Marilyn Monroe.

Si todos aquellos que dicen amar el cine pasaran una semana ahí detrás se lo pensarían dos veces antes de describir sus sueños. Pero si, sin embargo, a pesar de esas horas sin dormir, de esa prepotencia de los más expertos y de esa tensión constante de las grandes productoras que muestra la cinta de Simon Curtis, te sigue gustando el cine tanto como si acabaras de ver Hugo, entonces es que, posiblemente, toda esta farándula esté hecha para ti. A pesar de todas esas Marilyn Monroe.

 

Adrián Gómez

twitter.com/agomezgz

escritorioenobras.com

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Un pensamiento en “MI SEMANA CON MARILYN. El Texas Hollywood del cine nostálgico

  1. plared dice:

    Quizas esa mirada nostálgica. Sea por que el presente y el futuro no se presenta con la fuerza que deberia. Nostálgico y agradable el comentario. Cuidate

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