El miércoles 14 se estrenaba en el Teatro Principal Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, una producción del Aula de Teatro de la Universidad. La obra, dirigida por Luis Merchán y protagonizada por Mariano Anós y Alba Gallego, es una farsa que Federico García Lorca escribió en 1933, con el fin de integrarla en el ciclo de los Títeres de la Cachiporra. De cualquier forma, como cualquier cosa firmada por el granadino, Amor de Perlimplín, pese a su brevedad, encierra un pequeño universo de tragicomedia que hace sonreír al público mientras la desgracia se anticipa en esos pequeños guiños dramáticos que Lorca domina a la perfección.

Como siempre que voy a ver una obra de Federico – ya tengo tanta confianza con él que me permito llamarle así -, voy predispuesta a que me guste. Es mi debilidad: voy segura de antemano de que el texto va a ser una delicia. Y, por supuesto,  Amor de Perlimplín y Belisa en su jardín no ha sido una excepción. La obra recoge la historia de Perlimplín, un hombre mayor que nunca se ha enamorado y  Belisa, la joven con la que se casa casi por obligación. Sin embargo, poco a poco, empieza a descubrir un intenso amor y cae rendido a sus pies mientras que ella, rebosante de juventud, se enamora perdidamente de un misterioso joven de capa roja.

El Aula de Teatro de la Universidad nos ofrece una muy atrevida versión de esta historia de amor fuera de lo común, con unos actores que hacen un gran trabajo sobre las tablas. Desde mi punto de vista, se ha de aplaudir la caracterización de Perlimplín por parte de Mariano Anós: capta a la perfección la indecisión, la timidez, la pasión y la locura del personaje. La aparición de los tres duendes, siguiendo la estética más lorquiana posible, oxigena el drama que encierra la obra y divierte al espectador, aunque, como ya he dicho, lo mantiene en vilo a cerca de esa muerte que flota desde el principio en el ambiente.

La escenografía que nos proponen también me parece muy adecuada: sencilla pero contundente al mismo tiempo. Me gustaron especialmente los postes de luz, tan andaluces y bailarines, que se utilizaron para la escena de la boda de los protagonistas. Aun así, es cierto que yo esperaba más luz, más alegría, más color en una obra que no deja de ser una farsa. Me desconcertó también la proyección, donde se mostraban una serie de imágenes de la boda seguidas por la infidelidad de Belisa. ¿Representaba éstas el sueño y la pesadilla de don Perlimplín? No lo sabría decir a ciencia cierta. En aquel punto la trama pareció complicarse más de lo necesario. Sin embargo, esto pronto quedó compensado con el juego de luces del final de la obra, la intensidad de la muerte del protagonista y la fuerza de las palabras del poeta.

De cualquier manera, el director busca ofrecernos una versión más tétrica de la obra, ahondando en las profundidades del drama del amor no correspondido y del riesgo mortal al que ciertas pasiones conducen. Una re-interpretación de este Amor de Perlimplín y Belisa en su jardín, considerada por muchos una obra menor de Federico. ¿Obra menor? El Aula de Teatro de la Universidad de Zaragoza nos ha demostrado que quizá no sea así.

 

Natalia

luvinlu@hotmail.com

www.enpicado.blogspot.com

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