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Los habitantes de la casa deshabitada de Jardiel Poncela en el Teatro Principal de Zaragoza

La compañía El Voedevil nos ha traído a Zaragoza este fin de semana una espléndida comedia de Enrique Jardiel Poncela, Los habitantes de la casa deshabitada:

En una noche de lluvia y frío, un caballero, D. Raimundo y su chófer Gregorio, sufren una avería en el coche en el que viajan por un páramo desolado. El único refugio posible es una casa solariega cercana, plagada de criaturas extrañas y fantasmagóricas, que pondrán a prueba el temple de los protagonistas.

La ironía de Jardiel Poncela ya se desprende del título de la obra, una comedia entretejida tras una aparente trama de misterio: Raimundo y su “chófer” – entrecomillado porque de coches, poco – Gregorio se ven enredados en un enigma imposible. En éste están incluidos desde personajes de carne y hueso de lo más intrigante hasta seres que parecen provenir del más allá. La historia se complica cuando don Raimundo se reencuentra con los peores fantasmas que pueden existir: los del pasado. Así, el público es arrastrado hasta una casa en principio deshabitada – que parece tener dos pisos y solo tiene uno y desde la que los gritos de una mujer desgarran la noche – donde se desarrolla una desternillante y a la vez espléndida trama de amor, engaños y muerte.

He de confesar que yo ya sabía que las risas estaban garantizadas con una obra firmada por Enrique Jardiel Poncela. Todo lo que he leído y he visto de él me ha encantado por su punzante ingenio y su sagacidad. Sabe cómo llegar al público y sabe hacer que se olviden de sus problemas – ¡hasta del brutal cierzo que ha asolado la ciudad tan repentinamente! -. Los habitantes de la casa deshabitada no ha sido una excepción. Los personajes son deliciosos, los golpes de humor e ingenio, inesperados. El pulso de la obra se mantiene hasta el final a través de giros bruscos de la trama que hacen que el espectador se revuelva en su asiento, deseoso de saber más. En mi caso, cuando se bajó el telón, anunciando el descanso, ya no podía esperar para saber el desenlace de la acción. Esto es lo que pasa cuando una buena comedia se mezcla con cualquier elemento sobrenatural: la resolución del nudo es imprevisible y siempre sorprendente.

 

La producción de Juanjo Seoane, dirigida por Ignacio García, contaba con un reparto de lujo. Es una maravilla sentarte en la butaca de un teatro sabiendo que vas a disfrutar solo viendo a los actores haciendo su trabajo. Cómo no, he de destacar la labor de Pepe Viyuela: su personaje, el chófer Gregorio, da una visión irónica y escéptica de la escena que se desarrolla ante el público, ofreciéndose así un juego de contrastes, luces, sombras. Y, por supuesto, humor. Pepe Viyuela derrocha humor por los poros: creía que no se podía reír tanto, hasta que representó la escena en que Gregorio es abandonado en la casa y toda una comitiva de seres infernales – fantasmas, descabezados, esqueletos, espectros – se pasea a sus anchas delante de sus ojos en un principio incrédulos. También me maravilló el personaje de Rodriga, interpretado por Paloma Paso Jardiel, que da un muy ingenioso contrapunto: un personaje inocente, ingenuo, que se ve sumergido en la trama y comienza a confundir la realidad y la ficción. Jardiel Poncela nos ofrece una deliciosa reflexión metaliteraria: quizá seamos todos personajes que tratamos de sobrevivir en esta obra de teatro continua que es la vida.

 

Y aunque resulte poco original, voy a cerrar el artículo con una frase que Ignacio García, el director, utiliza para el programa de mano:

 

Disfruten de nuestro intento, sólo en eso, de contradecir a Jardiel Poncela, siempre brillante, cuando decía que “toda mala comedia gana al representarse; toda comedia buena pierde al ser representada”.

Enhorabuena a todos porque con Los habitantes de la casa deshabitada lo habéis conseguido.

 

Natalia LC

luvinlu@hotmail.com

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El miércoles 14 se estrenaba en el Teatro Principal Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, una producción del Aula de Teatro de la Universidad. La obra, dirigida por Luis Merchán y protagonizada por Mariano Anós y Alba Gallego, es una farsa que Federico García Lorca escribió en 1933, con el fin de integrarla en el ciclo de los Títeres de la Cachiporra. De cualquier forma, como cualquier cosa firmada por el granadino, Amor de Perlimplín, pese a su brevedad, encierra un pequeño universo de tragicomedia que hace sonreír al público mientras la desgracia se anticipa en esos pequeños guiños dramáticos que Lorca domina a la perfección.

Como siempre que voy a ver una obra de Federico – ya tengo tanta confianza con él que me permito llamarle así -, voy predispuesta a que me guste. Es mi debilidad: voy segura de antemano de que el texto va a ser una delicia. Y, por supuesto,  Amor de Perlimplín y Belisa en su jardín no ha sido una excepción. La obra recoge la historia de Perlimplín, un hombre mayor que nunca se ha enamorado y  Belisa, la joven con la que se casa casi por obligación. Sin embargo, poco a poco, empieza a descubrir un intenso amor y cae rendido a sus pies mientras que ella, rebosante de juventud, se enamora perdidamente de un misterioso joven de capa roja.

El Aula de Teatro de la Universidad nos ofrece una muy atrevida versión de esta historia de amor fuera de lo común, con unos actores que hacen un gran trabajo sobre las tablas. Desde mi punto de vista, se ha de aplaudir la caracterización de Perlimplín por parte de Mariano Anós: capta a la perfección la indecisión, la timidez, la pasión y la locura del personaje. La aparición de los tres duendes, siguiendo la estética más lorquiana posible, oxigena el drama que encierra la obra y divierte al espectador, aunque, como ya he dicho, lo mantiene en vilo a cerca de esa muerte que flota desde el principio en el ambiente.

La escenografía que nos proponen también me parece muy adecuada: sencilla pero contundente al mismo tiempo. Me gustaron especialmente los postes de luz, tan andaluces y bailarines, que se utilizaron para la escena de la boda de los protagonistas. Aun así, es cierto que yo esperaba más luz, más alegría, más color en una obra que no deja de ser una farsa. Me desconcertó también la proyección, donde se mostraban una serie de imágenes de la boda seguidas por la infidelidad de Belisa. ¿Representaba éstas el sueño y la pesadilla de don Perlimplín? No lo sabría decir a ciencia cierta. En aquel punto la trama pareció complicarse más de lo necesario. Sin embargo, esto pronto quedó compensado con el juego de luces del final de la obra, la intensidad de la muerte del protagonista y la fuerza de las palabras del poeta.

De cualquier manera, el director busca ofrecernos una versión más tétrica de la obra, ahondando en las profundidades del drama del amor no correspondido y del riesgo mortal al que ciertas pasiones conducen. Una re-interpretación de este Amor de Perlimplín y Belisa en su jardín, considerada por muchos una obra menor de Federico. ¿Obra menor? El Aula de Teatro de la Universidad de Zaragoza nos ha demostrado que quizá no sea así.

 

Natalia

luvinlu@hotmail.com

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Crónica de una muerte anunciada

¡Hola, amigos! En primer lugar, he de disculparme por estas semanas sin haberme dejado caer por aquí. La verdad es que he estado algo liada, entre los exámenes, la academia de inglés, las clases particulares… ¡Pero ya estoy de vuelta! Y espero que pueda volver a ser igual de regular que antes. Y como recompensa por estos días de espera, os traigo a uno de los grandes: Gabriel García Márquez, Gabo, el rey del realismo mágico, de la prosa latinoamericana.

Todo lo que había leído de él ya me había sorprendido. Pero la verdad es que  Crónica de una muerte anunciada me ha sorprendido muchísimo más aun, por la gran capacidad que muestra para contar una historia original, única, intensa en muy poquitas páginas, manteniendo al lector en vilo. La verdad es que esta novelita te la puedes leer en una sentada, porque es que una vez la abras no vas a poder parar. Y lo más increíble es que en la primera frase Gabo ya nos desvela el final: el protagonista, Santiago Nasar, va a ser asesinado por los hermanos Vicario. Bueno, por anunciarlo, lo anuncia ya en el título. Lo curioso de esta obra es que, pese a que ya sabes qué va a pasar e incluso cómo va a pasar, te falta una pieza muy importante: el porqué. ¿Cuál es el motivo de ese asesinato?

García Márquez crea una atmósfera excelente: empieza con una fiesta por una boda de una pareja de bien en el pueblo para acabar con ese ambiente tenso de la muerte anunciada de Santiago Nasar. ¿Y cómo que anunciada? Ahí está la gracia: los hermanos Vicario no ocultan en ningún momento sus intenciones, es más, ellos mismos las difunden para que todo el pueblo sepa que se va a hacer venganza. Así, todos y cada uno de los habitantes saben lo que le va a pasar a Nasar excepto éste. El lector entra en un juego tenso en el que todos los personajes se plantean avisar a Nasar antes de que sea demasiado tarde pero en el que ninguno llega a dar este paso.

En definitiva, todo lo que diga sobre esta novela se va a quedar corto. Así que ya sabéis lo que os toca: ¡a leer!

 

Natalia

luvinlu@hotmail.com

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“Sefarad: novela de novelas” de Antonio Muñoz Molina

 

Creo que en El Mecanógrafo aun no os he hablado de Antonio Muñoz Molina. Si os habéis dejado caer por mi blog, En Picado – que hace una semanita cumplió ya sus cuatro añitos -, os habréis dado cuenta de que es una de las personas que más admiro en la actualidad. Por eso, antes de meterme en materia y analizar Sefarad, he de recomendaros todo el trabajo de uno de los mejor autores que tenemos ahora en España. Su prosa es tan maravillosa que me deja sin palabras. En cuanto os enfrentéis a una novela suya comprobaréis que su estilo es mágico, onírico y que tiene la capacidad de no dejarte escapar en ningún momento, con sus periodos largos y sus minuciosas descripciones. Mi novela favorita es El jinete polaco, que desprende tantísima magia y tantísima realidad al mismo tiempo. De cualquier forma, todo lo que he leído de él me ha marcado de una forma o de otra. Así que, por favor, si tenéis oportunidad leed algo de él porque no os va a defraudar.

Sefarad es, como se anuncia en su subtítulo, una novela de novelas. ¿Qué es esto? Se nos presentan 17 relatos que, a primera vista, parecen totalmente diferentes pero que, una vez nos adentramos en la dinámica de la novela, comprobaremos que están interrelacionados y que todos guardan un rasgo en común: la marginación, la opresión, la soledad. Muñoz Molina crea un universo de personajes perseguidos, dejados de lado. Juega tanto con personajes imaginarios como con personas que vivieron de verdad y que han dejado la aventura de su vida escritas en las páginas de la historia. El autor se centra en el dolor que esparce el siglo XX alrededor de todo el globo y hará especial hincapié en la figura de los judíos, que encarna muchas veces en Franz Kafka. Sin embargo, Muñoz Molina va mucho más allá: a mí me ha sorprendido mucho encontrar otros tipos de opresión que no me esperaba, como la opresión por una enfermedad o por un amor imposible.

Y no os puedo contar mucho más; bueno, miento, no quiero contaros mucho más porque no me gustaría desvelar los secretos de estas novelas que tantas novelas encierra. ¡Solo os diré que no os la perdáis!

 

Natalia

luvinlu@hotmail.com

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La familia de Pascual Duarte

El viernes pasado no solo regaló ese frío intenso decorado con vahos sino también muy, muy buen teatro. Pasé la tarde viendo la adaptación a las tablas de la novela de Camilo José Cela: La familia de Pascual Duarte. Este año se cumplían diez años de la muerte del autor, Premio Nobel de la Literatura en 1989, y el actor Tomás Gayo – a través de Tomás Gayo Producciones y la distribuidora Metrópolis Teatro – quiso rendir homenaje a una de las obras más emblemáticas de nuestra literatura contemporánea.

Cuando me enteré de que traían esta obra a Zaragoza, mi primera impresión fue de rechazo. La familia de Pascual Duarte no fue demasiado de mi agrado y, por otra parte, adaptarla al teatro me parecía sumamente complicado. ¿Alguien sería capaz de superar este reto? Decidida a descubrirlo, volví a leerme la novela y, conforme avanzaba, no salía de mi asombro: las cosas se ponían cada vez mejor – en cuanto a calidad, claro, el pobre Pascual no podría decir lo mismo de su vida…-. Así que reconocí mi error y me maravilló la existencia de este personaje: su dolor, su rabia, su arrepentimiento, su complejidad… y sobretodo la bien llevada técnica de Cela que te mantiene en vilo y te hace estremecer con expresiones breves pero sinceras. Cuando la terminé, mi temor en cuanto a la adaptación teatral se acrecentó, pues no me parecía fácil transmitir la fuerza de la prosa de Cela y la poderosa voz narrativa de Pascual Duarte.

Sin embargo, la obra me sorprendió muy positivamente: supieron superar estas dificultades mezclando monólogos en las que Pascual se dirigía al público para contar su historia y sus circunstancias con escenas de acción en las que tomaban parte el resto de personajes, dando vida a los hechos que harán de Pascual un condenado a muerte. Los personajes están muy bien construidos; el escenario es sobrio y perfectamente adecuado para la acción que, muchas veces, se supedita al texto estático que nos transporta a esa provincia rural de la Extremadura anterior a la Guerra Civil donde Pascual Duarte vivirá y, sobre todo, sufrirá. Una puesta en escena muy lograda, una iluminación grisácea que concuerda con el espíritu atormentando de los protagonistas, unos muy buenos actores que sabían captar el dolor que destila cada una de las palabras de esta obra de Cela: una lección magistral sobre las circunstancias que mueven al hombre, los motivos que lo llevan al odio, el debate entre determinismo y libre albedrío, la culpabilidad y la inocencia, la justificación de los crímenes… Y, en cuanto a la obra teatral, una lección –también magistral- sobre cómo respetar un texto, cómo jugar con él sin modificar su esencia y, sobre todo, cómo hacer temblar al espectador en su asiento.

Natalia

luvinlu@hotmail.com

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